La leyenda del Salto de la princesa. Curacautín, Chile

Millaray, princesa indígena, tenía un hermoso rostro ligeramente crispado, el negro de sus cabellos se descolgaba sobre los hombros y espalda, donde la tez morena parecía iluminarse al contacto del pelo que brillaba, capturando la tenue luz que se le filtraba por la puerta de la ruca. Su padre, el viejo cacique del lugar, hablaba sentado con la vista clavada en las múltiples imágenes que dibujaba el fuego, en el centro de las espaciosas dependencias. De rostro firme y sereno, era un hombre respetado entre los suyos:

 

-Ya estás en edad de hacerte mujer y debes tener marido, yacer con él y tener hijos para que crezcan, trabajen la tierra y estén listos para luchar cuando sea necesario.

 

La joven escuchaba en silencio, los oídos prestaban atención pero su corazón latía con fuerza, al presentir que el gran amor que sentía por el joven Cayú, hijo de una familia de su misma comunidad, estaba con eso destinado a sufrir lo más crueles obstáculos. La simpatía que ella sentía por él desde niña, se fue convirtiendo en amor con la llegada de la adolescencia. Al mismo tiempo que se conocía el más profundo rechazo de su padre ante la perspectiva de aquella unión. Ahora lo amaba intensamente. El padre sin levantar la vista del fogón y hablando despacio como era su costumbre dijo:

 

-He decidido convocar a todos los guerreros jóvenes en edad de casamiento, para que concursen por tu mano y aquel que se presente con el mayor número de caballos será tu esposo y a él te entregaré.

 

El rostro de Millaray, permanecía impávido, ni una sola señal ni reacción podía advertirse en las bellas facciones de la india. Dio media vuelta y erguida, con el corazón destrozado abandonó dignamente el lugar.

 

Cayú, llegó al lugar de siempre y encontró a Millaray llorando, en entrecortadas frases, la joven lo impuso de la decisión adoptada por el padre. No había nada que hacer, sólo huir y huir, lo más lejos posible para iniciar una vida en común, fuera del alcance de la ira paternal. Así lo hicieron y una noche emprendieron la fuga a través de las colinas, valles y montañas, se fueron según dijo Cayú: “en busca del gran mar”. Allí encontrarían la paz y el lugar apropiado para construir el hogar que les hacía falta para consolidar su amor.

 

Los pretendientes llegaron con sus caballos al lugar del encuentro previamente fijado por el padre de Millaray. Con  el rostro descongestionado por la ira, el anciano cacique lanzó al aire, la orden de buscar a la hija, matar a Cayú y traerla de vuelta para que se diera cumplimiento a su voluntad: los mocetones organizados en partidas de caza partieron en todas direcciones tras los pasos de los fugitivos mientras estos corrían desesperados.

 

Pronto las fuerzas les fueron abandonando, hasta que se vieron prácticamente cercados por los perseguidores. Decidieron separarse:

 

-Tú corres hacia las orillas del río Cautín y yo trataré de despistarles más hacia el poniente- le dijo Cayú al tiempo que la abrazaba. Millaray corrió en la dirección indicada.

 

Cayú se hizo avistar y volvió a correr hacia el poniente. La princesa entretanto, casi cercada por sus perseguidores, llegó al borde de un acantilado, en el fondo, las torrentosas aguas del Cautín bajaban furiosas hacia el mar. Millaray, antes de ser sorprendida, se lanzó al vacío. Cuando iba en el aire, su hermoso cuerpo se convirtió en cascada, confundiéndose con las agitadas y hermosas aguas del río. Cayú, algunos kilómetros más al poniente, llegó por su parte bordeando un afluente al borde del acantilado y al ver a su amada convertida en las aguas del río Cautín, se lanzó también en la búsqueda, convirtiéndose en lo que hoy se conoce como el Salto del Indio.

 

Allí, en las aguas, confundidos en un abrazo mortal, se fueron en un viaje eterno los amantes que con ese sacrificio de amor, dieron nacimiento a las cascadas que han perpetuado sus nombres y su historia. En un lugar de la muralla rocosa a sus espaldas, incluso en fotografías, muchos sostienen que se distingue con claridad el rostro de la princesa araucana y el de su amado.

 

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Fuente: http://unahistoriaquecontar.jimdo.com/leyendas-que-son-historia/salto-de-la-princesa-y-del-indio/

 

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