Conoce la cueva de Altamira

La cueva de Altamira en Cantabria, España, es la máxima representación del espíritu creador del hombre. Fue el primer lugar en el mundo en el que se identificó la existencia del Arte Rupestre del Paleolítico superior. Su singularidad y calidad, su magnífica conservación y la frescura de sus pigmentos, hicieron que su reconocimiento se postergara un cuarto de siglo. Fue una anomalía científica en su época, un descubrimiento realizado en la cumbre y no en su grado elemental, un fenómeno de difícil comprensión para uno sociedad, la del siglo XIX, sacudida por postulados científicos extremos y rígidos.

 

Bisontes, caballos, ciervos, manos y misteriosos signos fueron pintados o grabados durante los milenios en los que la cueva de Altamira estuvo habitada, entre hace 35.000 y 13.000 años antes del presente. Estas representaciones se extienden por toda la cueva, a lo largo de más de 270 metros, aunque sean las famosas pinturas policromas las más conocidas. Su conservación en las mejores condiciones constituye un reto científico y de gestión del Patrimonio y es el objetivo prioritario y la razón de ser del Museo de Altamira.

 

        

 

El hallazgo de la cueva de Altamira se debió a Modesto Cubillas, hacia 1868, quien se lo comunicó a Marcelino Sanz de Sautuola, que visitó a la cueva por primera vez en 1875. Tres años más tarde acudió a la Exposición Universal que se celebraba en Paris y allí conoció de primera mano algunos objetos prehistóricos encontrados en cuevas del sur de Francia, donde se excavaba desde hacía años en busca de los más remotos tiempos de la humanidad. Sautuola, que ya tenía una amplia formación en Ciencias Naturales y en Historia, regresó a España con una perspectiva renovada y decidido a emprender sus propios trabajos en las cuevas de Cantabria. Volvió a Altamira, acompañado por su hija, María, y será la niña la primera en ver las famosas pinturas polícromas.

 

En 1.880 publicó el hallazgo en el folleto Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander, atribuyendo las pinturas a la prehistoria, al periodo paleolítico. A pesar su lúcido análisis, sus contemporáneos, desde diferentes perspectivas intelectuales, evolucionistas, creacionistas o los incrédulos prehistoriadores del momento, fueron incapaces de asumir su planteamiento. Altamira se sumió en el olvido.

 

En 1902, el prehistoriador francés E. de Cartailhac publicó “Les cavernes ornées de dessins. La grotte d’Altamira, Espagne. Mea Culpa d’un sceptique”, reconociendo su valor original. A partir de este momento, la cueva de Altamira adquirió reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono, en el destino quienes querían conocer el origen del hombre.

 

Desde entonces, el número de visitantes no dejó de crecer año a año, hasta que se hizo imprescindible restringir el acceso y adoptar un estricto programa de Conservación de la cueva, su arte y su entorno. La creación del Museo de Altamira, dependiente del Ministerio de Cultura de España, y su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO confieren el marco de protección a este Bien de Interés Cultural de la Humanidad.

 

Para visitar la cueva de Altamira, mira el siguiente link: http://museodealtamira.mcu.es/

 

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